Los críticos amantes de repartir etiquetas para catalogar el sonido de una banda se deben haber entretenido un buen rato a la hora de definir a Black Rebel Motorcycle Club. Calificaciones descriptivas al margen, hay que decir que el trío la rompe. En esta ocasión, a diferencia de lo ocurrido en el Quilmes Rock, con un set más compacto y vibrante, no tan difuso y larguero como en aquella tarde de River.Esta vez llegaron con una integrante nueva: Leah, baterista de The Raveonettes, entró en lugar de Nicki Jago, eyectado de la banda. Y hay que decir que la dama llenó bien los zapatos dejados por su antecesor.
Con una escena oscura, mucho humo y contraluz; guitarras furiosas y un bajo punzante, BRMC te envuelve desde el principio. Como esas serpientes que se enroscan en sus víctimas, el rock crudo de Robert Turner y Peter Hayes no suelta a la audiencia sino hasta la última nota.
Son cien por ciento rockers, por música y actitud. Aun sin ser demasiado enérgicos en cuanto a movimientos, en el escenario siempre está ocurriendo algo. Alternan el liderazgo, cambian instrumentos y escupen muy buenas canciones como Stop, Ain`t no easy way out, la tremenda 6 Barrel Shotgun, o el final con Whatever Happened to my Rock & Roll, con Robert Turner lanzado sobre el público sin dejar de tocar su roja guitarra.
Y así, con esa marca bien rockera, con sus camperas de cuero bien a mano, los Black Rebel Motorcycle Club abandonaron el escenario, cuyas luces aún latían incandescentes, como pidiendo más. Abajo, más de uno se quedó con el mismo sentimiento.
